¿Qué motiva a los perros a tirar de la correa? (II)

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perro paseando

Si nuestro perro ha sido educado correctamente desde pequeño, si le hemos enseñado a caminar a nuestro lado de un modo tranquilo, cualquier trailla y collar serán válidos para el paseo, en caso contrario, si «enseñaste» a tu perro a tirar de la correa no esperes resultados mágicos con collares de estrangulamiento o cabestros. (1era parte).

Una filosofía que aún está vigente

Aprovecharemos este tema, sencilio pero ilustrativo, para hablaros de una filosofía del propietario que se ha impuesto en las últimas décadas, consecuencia de la popularidad de que llegó a gozar entre 1970 y 1980 las teorías de adiestramiento de Barbara Woodhouse. En España esta adiestradora no llegó a ser muy conocida, pues en esos años nuestro país estaba verdaderamente en pañales en todo lo referente a educación canina que adiestrar era una cuestión de fuerza, la de imponerse al perro mediante el castigo.

Barbara Woodhouse, nacida en 1910 y muerta en 1988, escribió importantes libros y artículos sobre adiestramiento y llegó a tener un programa en la televisión de la BBC, Training Dogs the Woodhouse Way, que difundió ampliamente sus ideas sobre las características apropiadas para, mantener una relación educativa con los perros y que ella resumió en una frase que ha llegado a convertirse en un tópico: «NO EXISTEN PERROS MALOS SINO MALOS DUEÑOS». Este estereotipo, hoy universalmente aceptado, ha favorecido la aparición de dueños permisivos, propietarios tolerantes con las conductas erróneas de su perro, que aceptan como naturales las respuestas rebeldes y la mala conducta de las mascotas.

El inmediato éxito de esta filosofía se debió a su aceptación sin remilgos por el conjunto de profesionales caninos, tanto criadores como adiestradores, que se convirtieron en sus profetas extendiendo la nueva filosofía entre los propietarios. Este respaldo tácito de la comunidad de criadores y adiestradores fue debido a que la nueva filosofía desviaba la atención de los problemas conductuales propios de algunas razas. Ya no era cuestión de razas agresivas, o ladradoras, o ineducables, de un plumazo habían desapañado los problemas de la crianza frónea, era, simplemente, cuestión de propietarios inadecuados.

Y este modo de interpretar la conducta de los perros sigue vigente a nivel popular. Si el perro tira como un loco de la trailla, sí nos arrastra lastmeramente por el parque, pobrecito es que lleva muchas horas encerrado y tiene necesidad de salir a la calle. El propietario exime de culpa al animal y se responsabiliza por su egoísmo al no sacar más a menudo de paseo al perro. Pero Barbara Woodhouse también dijo que «un perro debería ser un placer para todos y una molestia para nadie» y es evidente que pasear materialmente arrastrado por el perro no puede resultar placentero para nadie.