Cuando tenemos una mascota, tenemos que tener una idea presente: no son eternas. Los animales, al igual que las personas, envejecen poco a poco hasta morir. Hay animales muy longevos, como las tortugas que pueden vivir más de 100 años, a hasta las ranas, que tan sólo viven 3 años. Atendiendo a esta realidad, en los últimos años ha surgido un nuevo mercado en torno al mundo animal que se ocupa, precisamente, de estos momentos.
Los cementerios para animales o las empresas que dan servicio de crematorio han aumentado cada vez más, ya que los dueños se preocupan, una vez que ha muerto su mascota, de hacer algo con sus restos. Hay quien prefiere enterrarlos en un lugar que haya sido significativo para ellos o quien prefiere, solamente, custodiar sus cenizas.
Otros dueños prefieren enterrarlos en cementerios especializados, para poder visitarlos cada cierto tiempo, al igual que hacen con sus familiares queridos. Uno de estos lugares es el cementerio El Último Parque, situado un pinar de Arganda del Rey, en Madrid. Allí, desde 1983, descansan las mascotas de todas aquellas personas que han decidido dar sepultura a sus animales de compañía.
La pérdida de las mascotas es un momento difícil para los dueños, por lo que este tipo de servicios puede ayudar a los dueños a superar el duelo a la vez que recuerdan la memoria de ese animal que tanto tiempo y vivencias ha pasado junto a ellos. ¿Qué hiciste cuándo perdiste a tu mascota? ¿Has pensado en qué harías en ese momento?