Quizás, el secreto de nuestra relación con ellos se basa fundamentalmente en la no competencia entre nuestras especies, no les quitamos caza, ni hembras, ni espacio, una simbiosis casi perfecta en la que cada parte recibe exactamente lo que necesita de la otra. Si esto se pudiese dar en el mundo felino, seguramente su comportamiento sería igual, pero dudo que ello se llegase a producir alguna vez, por ello mantienen con nosotros una relación de tipo juvenil o de cachorro, de confianza y de relajación y por ello, con nosotros, bajan la guardia y se pueden mostrar vulnerables.
El gato es el único animal doméstico que no vive en manadas, él consigue mantenerse así gracias a su adhesión a las comodidades del hogar donde vive, pero aunque esto es importante, no es fundamental, ya que nos los encontramos en cualquier tipo de hogar, rico o pobre, amplio o pequeño, en el campo o en la ciudad, y ellos permanecen vinculados a «su» familia. No se sabe a ciencia cierta cuáles son los motivos, pero el hecho real es que, de alguna forma, ellos nos «quieren» también de alguna Jornia, algo les vincula a nosotros, quizás el tiempo acabará encontrando la explicación a esta relación.