El Labrador también se caracteriza por tener una salud de hierro. Es un perro fuerte y duro al que pocas cosas molestan, como no sean los grandes calores. Pero ni la nieve ni el agua helada, en la que se sumerge, logran asustarlo. Respecto al aspecto externo, tampoco tiene grandes necesidades. No exige atenciones complicadas y basta un cepillado semanal.
A pesar de su necesidad de ejercicio, no hace falta llevarlo todos los domingos a cazar; se adapta perfectamente a la sencilla existencia de perro de compañía y, hay que decirlo, le encanta holgazanear sobre el sillón.
De todos modos, le gusta que su amo le atienda y le emplee en alguna cosa, aunque sólo sea llevarle las zapatillas. Lo mínimo para tenerlo en forma es un paseo diario prolongado y una buena excursión semanal. Hay que evitarle ejercicios violentos y duraderos, que podrían dañar su osamenta, en su edad temprana.