El Shih-Tzu

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Hay quienes lo confunden con el Lha-sa Apso y lo cierto es que estas razas orientales tienen mucho en común. Pero un ojo experto aprecia pronto que el Shih-Tzu es más pesado y corpulento y que su anatomía recuerda más al Pekinés.

La creencia china de que este perro es la encarnación de un dios hizo que se le tratase siempre con respeto y amor, a diferencia de otras razas que eran criados para comer su carne. La emperatriz china Tzu Hsi fue una gran aficionada a esta raza a partir de que en 1908 el Dalai Lama le entregara como presente una pareja.

En palacio todo un batallón de sirvientes cuidaba de los perros imperiales otorgándoles todo tipo de caprichos y alimentos refinados. La emperatriz criaba siempre perros con el mismo manto, dorado, y con una franja blanca entre las cejas, dividiendo la cabeza en dos mitades, que se consideraba la marca de Buda. Los primeros ejemplares en llegar a Occidente lo hicieron en 1930, año en que entran en el Reino Unido dos parejas importadas respectivamente por Mss. Hutxhins y Lady Brownrigg. Aquellos primeros perros fueron denominados Tibetan Lion Dogs y se les encuadró junto a los Lhasa Apso. En 1934 se fundó el Peking Kennel Club y eso permitió la llegada de nuevos ejemplares a las islas británicas, estableciéndose un aceptable plantel de cría, sin embargo las inscripciones en el stud book del Kennel Club no aparecen hasta el año 1941. En Estados Unidos el reconocimiento de la raza es aún más reciente, pues fue en 1969 cuando el American Kennel Club aceptó la existencia de la raza.

Gran meditador:

Es un perro con un temperamento fuerte, bastante dominante, lo que no le hace idóneo para convivir con niños pequeños. Es, sin embargo, muy devoto del propietario y muy expresivo de su alegría cuando éste regresa a casa. En el Shih-Tzu no son infrecuentes los estados de introversión en los que parece que el perro medita profundamente.