En España no es muy común hoy en día extirpar las uñas a los gatos, aunque vivan en pisos. Además, hay comunidades como Cataluña cuya ley de protección de los animales prohiben esta práctica severamente. La verdad que es una solución para la protección de nuestros muebles que ni tiene en cuenta la salud y la naturaleza del gato.
Es difícil sostener que amamos a nuestra mascota si anteponemos la tutela de algunos muebles a su bienestar. Y que, además, las dos cosas no son irreconciliables. Los gatos necesitan arañar, es una necesidad etológica. Un gato privado de esa actividad es un gato mutilado en doble sentido, físico y psíquico. Esta crueldad es una sentencia definitiva e irreversible que condena al animal a una vida incompleta.
En lugar de tirar el dinero por la borda para tan torpe y cruel solución, el veterinario nos podrá aconsejar algún especialista etólogo que nos aconseje sobre cómo enriquecer el entorno del gato. De poder, un gato elegirá un poste de arañar o un tronco antes que un mueble liso Chippendale o un sofá rococó.