
Una de ellas es el gato bengalí, que tiene una pelaje muy elegante y parecido al de los tigres o los leopardos. Además tiene un carácter muy tranquilo y les encanta el agua. ¡Tendrías que verlo nadar! Lo único negativo (o positivo) es que crece mucho, así que no esperes que sea un gatito pequeño con pinta de animal de la selva…

Otra raza muy querida es el ragdoll, un gato muy tranquilo, sumiso y que siempre pide mimos. Es muy dependiente de los humanos y muy cariñoso, con lo que es ideal para una casa con niños pequeños.
El gato común europeo es el típico gato callejero. En realidad no tiene nada de particular, pero será su aspecto desvalido o que vemos muchos en todas partes, que lo hacen ser una mascota muy querida. Suele tener rayas en el pelaje y algunos presentan la barriga blanca.
Uno muy majestuoso es el gato del bosque de Noruega. Su pelo es más largo que el de otros gatos y parece un animal salvaje. ¡Es toda una bola de pelos! La desventaja es que no está hecho para la vida en cautividad, con lo que puede ser complicado adiestrarlo. Una curiosidad: esta raza ya está presente en las leyendas de la mitología nórdica.
Por último, la raza snowshoe o zapato de nieve. Tiene una mancha con forma de V invertida en la cara y las patas acaban en manchitas blancas a modo de botas. Sus ojos son de un azul brillantes y suelen ser muy solicitados precisamente por su aspecto físico.
¿Cuál es tu preferido?