Contrariamente, un gato que viva en un lugar donde haya buenos cuidados veterinarios y consideración por el bienestar del animal, puede llegar naturalmente a los 14 años, que es la media de longevidad actual, aunque haya signos de que este límite vaya elevándose, ya que hay cada vez más individuos que alcanzan la veintena.
La longevidad queda determinada por varios factores: buena genética, buen cuidado general, buena asistencia sanitaria, buena alimentación, y entorno relativamente seguro. En esta situación, hay buenas probabilidades de que el animal viva largamente y bien, situándose su fin en una incógnita temporal. Obviamente, no se consideran los accidentes fortuitos.
Los gatos crecen rápidamente, pero, una vez alcanzada la madurez, su tasa de envejecimiento aminora, como veremos en la tabla comparativa gato/humano. Algunos piensan que la mayor longevidad de los gatos domésticos se debe a la seguridad de la vida hogareña, pero esta creencia no es cierta.
De hecho, si por un lado los gatos hogareños están protegidos de los accidentes de tráfico y de otros animales, este beneficio se ve afectado por un acortamiento de la vida a causa de la obesidad, la falta de ejercicio, y el estrés, diabetes y enfermedades cardiacas. Pese a que el ritmo del gato ralentíce con la vejez, no todos los individuos pierden vigor. Algunos siguen cazando activamente incluso cerca de los veinte años. Los registros veterinarios en Inglaterra reportan una gata de 19 años.