Casi todas las razas caninas que conocemos hoy han sido creadas por nosotros, para hacer un trabajo definido y concreto; algunas se han especializado tanto que llevan cierto comportamiento específico «en la sangre».
Trabajo para el que fueron criados:
Pongo algunos ejemplos: El Husky Siberiano: Es un perro físicamente tan bien adaptado a vivir en el clima seco y frío del extremo norte, tirando de un trineo durante largas distancias, que es complicado darle una vida satisfactoria en una ciudad del sur de Europa. Los perros pastores: estas razas se han creado para llevar y proteger el ganado, trabajando muchas horas seguidas sin cansarse, algunas cumpliendo órdenes del pastor, otras tomando decisiones importantes a solas. Los Bracos y otros perros de caza: incansables, altamente sensibles y con necesidad tremenda de ejercicio físico.
En pocos casos, estas razas se siguen utilizando en su entorno «natural», haciendo el trabajo para el que fueron criados. Actualmente, se suelen comprar por razones de estética, les espera una vida tranquila en un piso o una casa junto a su familia, con muchas horas de soledad y aburrimiento por ausencia de los dueños.
Es comprensible que un perro altamente especializado para hacer un trabajo específico, al privarle de lo que más feliz le hace en la vida, puede mostrar conductas destructivas o agresivas, hasta llegar incluso a autolesionarse.
Pero hay un contramovimiento. Muchos criadores, especialistas en comportamiento canino, educadores y clubes caninos, son conscientes del problema y están proporcionando modalidades de «trabajos alternativos» para los perros y sus dueños, con muchos efectos colaterales muy saludables para ambos.
Fuente: Todo Mascotas.